No soy nada fan de los transbordos, por eso a menudo prefiero andar hasta la línea de metro que me lleva al destino.
En la bodega de la esquina de casa un montón de señores se ponen tibios de botifarra amb seques, en lo que en Catalunya llamamos un "esmorzar de forquilla". Sigo andando y veo a un chico zamparse un arroz tres delicias en la terraza del bar que llevan unos chinos un poco más abajo. Al bajar por la Avenida Gaudí, unas chicas comparten un crêpe de chocolate mientras toman té. El desayuno del librero es mucho menos apetecible, a través del cristal del escaparate, lo veo comerse un moco sin que se dé cuenta de que lo estoy observando. Sigo andando hasta que los gritos histéricos de unas japonesas al ver la Sagrada Familia por primera vez me alertan entre risas de que se ha acabado el paseo. Me toca meterme bajo tierra y es cuando me doy cuenta de que, aunque nadie comía coca de llardons, truita, ni botifarra d'ou, avui és Dijous Gras.
Bon dia, Barcelona. Que el gaudiu!